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Ana María González Garza |
(Fragmento tomado de: González Garza Ana María (2008). El enfoque centrado en la persona: aplicaciones a la educación, México, Trillas.)
· Material que fue trabajado por la profesora Nelly Vidalón del Carpio y sus alumnos, como un tema introductorio, en el curso de Orientación Educativa con el propósito de tener una visión clara del significado del ser humano.
ENFOQUE EXISTENCIAL HUMANISTA
La corriente humanista se emparienta con el existencialismo europeo en cuanto a credos, principios filosóficos y antropológicos, así como en relación con sus metas y proposiciones fundamentales, y constituye a la vez el trampolín o la pista de despegue de una psicología que la retoma y la trasciende.
El enfoque existencial tiene sus raíces filosóficas en la obra de sörin Kiekegaard (1813 – 1855), filosofo y teólogo danés conocido como el padre del existencialismo, y en la de Edmundo Husserl (1859 – 1938), filosofo alemán fundador del movimiento fenomenológico, que ejerce una fuerte influencia en su discípulo Martin Heidegger, a quien se le conoce como el creador del daseinsanalyse (análisis existencial) ya que logra la síntesis de las corrientes existencialista y fenomenológica en su obra clásica sein und zeit[1] (ser y tiempo). Entre otras figuras importantes se encuentran Ludwig Binswarner (1881 – 1966), psiquiatra suizo y Medard Boss (1903 – 1990), que insiste en que hay que dejar que las cosas fluyan, en lugar de luchar por mantener el control.
Viktor Frankl nació en Viena en 1905 en una familia de origen judío. Su padre trabajo duramente desde ser estenógrafo parlamentario hasta llegar a ministro de asuntos sociales. Desde que era estudiante universitario y participaba en organizaciones juveniles socialistas, Frankl empezó a interesarse en la psicología. Estudio medicina en la universidad Viena y se especializo en neurología y psiquiatría. En diciembre de 1914 contrajo matrimonio con Tilly Gross y un año más tarde fue deportado al campo de concentración junto con su esposa y sus padres. En 1945 es liberado por el ejército estadounidense después de haber permanecido dos años en diversos campos nazis de exterminio, donde mueren su esposa y sus padres. Durante su internamiento Frankl escribe, en pequeños trozos de papel que logra conseguir, lo que más tarde se convertiría en su propuesta teórica sobre el sentido de la vida. En su famoso libro el hombre en busca de sentido describe, desde una perspectiva psiquiátrica, lo que era la vida de un prisionero en los campos de exterminio. Sus reflexiones sobre esta experiencia extremadamente deshumanizante lo conduce a desarrollar la logoterapia, considerada como la tercera escuela vienesa de psicología; la primera es la psicología freudiana y la segunda, la psicología individual, de Alfred Adler.
Frankl se oponía con fuerza al psicologismo de su época, rechazaba el determinismo del psicoanálisis, y se pronunciaba por la defensa de la libertad humana y su capacidad de autodeterminación, del valor único de la persona, la incondicionalidad del sentido de la vida y la multidireccionalidad del ser, como por la responsabilidad y la capacidad de autotrascendencia propia del humano. Concebía a la conciencia como el “órgano del sentido” y consideraba que l motivación central de la persona resalta las áreas sanas de la personalidad que tienden hacia la creación de una nueva organización de la experiencia y de una orientación de la conducta hacia la salud y el sentido.
Fue catedrático en la universidad de Viena hasta la edad de 85 años y publico más de 30 libros que se han traducido a varios idiomas; impartió cursos y conferencias por todo el mundo, recibió más de 25 doctorados honoris causa otorgados por distintas universidades y obtuvo el premio Oskar Pfister de la sociedad americana de psiquiatría, entre otras distinciones. Murió en Viena en 1997, a los 92 años de edad.
Relación entre el existencialismo y el humanismo.
El humanismo surge en Estados Unidos de América como una reacción al reduccionismo materialista y al determinismo propio del psicoanálisis y el conductismo que le anteceden. Sus principales características son una concepción constructiva y liberadora del ser humano, asi como una visión prometeica de la existencia. Parte de una profunda confianza de la tendencia autorrealizante y trascendente del ser humano y en su apertura a la experiencia, al cambio, al dialogo y al encuentro interpersonal.
El humanismo y el existencialismo comparten principios antropofilosoficos y propuestas teóricas en torno al ser humano y su existencia. Sin embargo, la juventud de un humanismo que celebra gloriosamente la vida por no haberse enfrentado, en aquel momento, a la destrucción y asolación de una guerra mundial, se complementa y enriquece con la madurez del existencialismo europeo que, habiendo sufrido los estragos de la guerra, se pronuncia por defender, alentar y promover la capacidad humana para sobreponerse a las catástrofes, la tragedia, el dolor, la enfermedad, el estrés y la muerte, salir fortalecido de estas.
Este enfoque se distingue de los que le anteceden en que no forma una escuela de pensamiento o sistema cerrado, debido principalmente a que se encuentra integrado por un amplio número de teorías que, a pesar de mostrar algunas diferencias, resultan mínimas en comparación con lo que comparten. Otra distinción importante ha sido la congruencia que manifiesta al creer en la constante evolución y el proceso continuo de desarrollo del ser humano. Al no haber creado una escuela de pensamiento, se evita el peligro de quedar encerrado en las propias propuestas teóricas, limitando la integración de nuevas ideas y corrientes que enriquecerían el conocimiento y la comprensión de la naturaleza humana.
Tanto el enfoque humanista como la corriente existencial tienen como objetivo central que la persona asuma la responsabilidad de su propia existencia y aprenda a ejercer su libertad, a pesar de las condiciones y limitaciones que el medio circundante le imponga.
Frankl sostiene que la libertad es algo que nadie nos otorga o puede arrebatar. Se refiere a la libertad de elegir como algo que nadie puede impedir al ser humano. En este sentido, comparte su experiencia e el campo de concentración, donde aun estando en la miseria humana y la esclavitud más profunda, el poseía la libertad de elegir continuar con vida o lanzarse a la alambrada electrificada para poner fin a su existencia. En otras palabras: la libertad consiste en elegir lo que se desea, aun dentro de las condiciones impuestas por el entorno. J.P. Sartre sostenía que el ser humano siempre estaba condenado a elegir entre dos o más opciones ya que cuando no lo hacía, elegía no elegir.
Conceptos sobre la naturaleza humana.
Por tratarse de algo que nos es propio desde el momento del nacimiento, la naturaleza nos acompaña a lo largo de la vida. Su tendencia se dirige hacia el despliegue y desarrollo de las capacidades y potencialidades humanas. De la misma manera que una semilla de limón tiende naturalmente a transformarse en un limonero plenamente desarrollado, el ser humano se orienta hacia el pleno desarrollo de sus capacidades y el ejercicio consciente de sus facultades.
El enfoque existencial – humanista sostiene que nos es posible definir al ser humano por tratarse de un ser que se encuentra en un mundo cambiante de experiencias del cual él es el centro. De ahí se desprende que para responder a la pregunta sobre que es el ser humano, lo haga a través de la descripción de las características comunes a la naturaleza humana. Pretender definir al ser humano resulta imposible debido a que no se trata de un objeto estático que puede ser catalogado y circunscrito a una sola explicación.
Entre las principales características que el enfoque existencial – humanista describe sobre la naturaleza humana se encuentran:
· La naturaleza humana es intrínsecamente buena y posee una tendencia hacia la autorrealización y la trascendencia. La primera se refiere al desarrollo integral de sus potencialidades y la segunda, a proyectarse más a allá del horizonte histórico e individual. Agustín Basave Fernández del valle se refiere a esto diciendo: “de lo más hondo de nuestra subjetividad brota un impulso trascendente que busca la inserción de nuestros actos en una trama y un destino universales.”[2]
· Como organismo dinámico, el humano posee la capacidad de reflexión e introspección que le permite cuestionarse sobre sí mismo, así como ser consciente de su existencia cambiante. Esta capacidad le permite abrirse al misterio del propio ser y conocer la verdad sobre sí mismo, así como de las situaciones, circunstancias y condiciones siempre en movimiento que ejercen influencia sobre su ser, su estar y su actuar en el mundo. La experiencia de ser uno mismo lo conduce a descubrir un sentido particular de su existencia, que cobra significado en la medida en que se relaciona con los demás y con el mundo en que habita.
· El humano es el único ser vivo que tiene la capacidad de optar, es decir, de elegir entre las diversas opciones que la vida le presenta. Esto significa que por el simple hecho de ser humano es potencialmente libre y, por tanto, el responsable directo de su existencia y desarrollo.
· Todo ser humano, por el mismo hecho de serlo, tiene derecho a ejercer la libertad de ser, sentir, pensar, imaginar, valorar, responder, recordar y elegir. Viktor frankl sostiene que esa libertad interior no puede sernos otorgada ni arrebatada por nadie, por tratarse de una facultad humana innata. Como hemos señalado, al referirse a la experiencia que vive en los campos de exterminio afirma que siempre tuvo la libertad de elegir entre permanecer entre permanecer con vida o lanzarse a la alambrada electrificada para no seguir viviendo. A partir de esa experiencia profundamente inhumana y deshumanizante frankl sostiene que “la libertad del hombre para decidir acerca de su propio ser es lo que marca la diferencia entre el hombre y los animales”.[3] Por su parte, J. P. Sartre plantea que el ser humano está condenado a ser libre porque en todo momento se enfrenta a la necesidad de elegir entre dos o más opciones, y aun cuando no lo elige está optando (consciente o inconscientemente) a no elegir. De ahí que afirme que ser humano equivale a ser libre; en otras palabras, para llegar a ser realmente humano se necesita ejercer la libertad que le es propia, de lo contrario no se alcanza la humanidad. En este mismo sentido, Ruitembeek expresa:
El hombre es el único que no puede determinarse, que no puede calcularse por el hecho de pertenecer a un mismo tipo; el cálculo no agota nunca al hombre en su totalidad, deja siempre un residuo. Este residuo corresponde a la libertad del ser humano para someterse a las condiciones que todo tipo supone. Como objeto de enjuiciamiento moral, el hombre solo comienza allí donde es libre para poder enfrentarse a la sujeción, a un determinado tipo. Solo entonces es su ser: ser responsable, solo entonces es el hombre propiamente, o es “propiamente” hombre.[4]
· La originalidad, unicidad o singularidad propia de la naturaleza humana que este enfoque plantea, le permite cobrar una identidad individual – personal que lo distingue de los demás. La experiencia de descubrirse a si mismo como ser único, irrepetible, irremplazable y autónomo le posibilita darse cuenta de que su dignidad y su libertad no son tales sino van acompañadas de responsabilidad por ser, su quehacer y su actuar en el mundo.
· El ser humano es eminentemente social, por lo que no puede realizarse si no es en sociedad, es decir, en comunión con otros seres que comparten su existencia. Su unicidad y singularidad se ven complementadas a través de la interacción comprometida y responsable con otras personas. La consciencia de sí mismo, tal como Rogers lo plantea, es el resultado de la interacción con otros seres humanos.
· Otra característica exclusivamente humana es su capacidad para transformar, de manera consciente y responsable, el medio en el que habita y se desenvuelve. A diferencia de otras especies que actúan por instinto, el ser humano es a la vez co-creador, co-responsable del progreso y evolución del mundo.
· El ser humano es un ser histórico-social, es decir producto de la evolución pero, a la vez, es agente de cambio que dirige su desarrollo y transforma su desarrollo en la historia. A partir de esta perspectiva se deduce que cuando el ser humano no se conoce a sí mismo, cuando no conoce su naturaleza y su esencia, posee una visión reducida y fragmentada de la realidadque le impide conocerse para conocer, aceptarse para aceptar, comprenderse para comprender y transformarse para transformar su entorno. En este sentido, Rolf Behncke[5] sostiene que el problema de la crisis actual del mundo se centra en que el ser humano, a pesar de haber conquistado todo los lugares de la tierra, incluido el espacio extraterrestre, no ha logrado conquistarse a si mismo y, por consiguiente, no ha sido capaza de actuar a partir de esa comprensión. Por ende, resulta lógico suponer que en tanto existan acotaciones en el mundo del ser – self o consciencia de si mismo -, existirán limitaciones en el campo de la percepción, reducciones en el ámbito del pensamiento y restricciones en toda acción que el ser humano realiza.
· El humano es el único ser vivo que tiene consciencia de finitud, de la que desprende su preocupación por la muerte al grado de haber dejado de verla como algo estrictamente natural para convertirla en uno de los elementos que componen la triada trágica a la que alude Frankl: sufrimiento, culpa y muerte. Sin embargo, al saberse finito el ser humano valora su existencia. La certeza práctica de la muerte conduce a la persona no solo a valorar su vida, sino a darle valor a la existencia de las otras personas. Frank sostiene que cobrar consciencia de la muerte confiere a la vida su sentido. La vida y la muerte constituyen las dos caras de la misma moneda, es decir, forman parte de un mismo proceso.
Carl Rogers enfatiza la tendencia actualizante como una de las principales características de la persona humana. Sostiene que esta tendencia propende naturalmente hacia el desarrollo pleno de las potencialidades humanas que, a su vez, se dirigen siempre hacia el bienestar y la salud, tanto personal como social. Esto lo expresa diciendo: “cuanto más el individuo se abra a su experiencia su conducta tendera a demostrar que la naturaleza de la especie humana se orienta hacia una vida social constructiva. Los sentimientos indómitos y antisociales no son los más profundos ni poderosos.”[6] Se niega a aceptar que el ser humano sea esclavo de sus impulsos y del medio circundante, y considera que la causa más importante del ser humano es el autoconcepto. Es decir, lo que una persona piensa en si misma desempeña un papel fundamental en lo que hace.
Enfoque integral. Humanismo contemporáneo.
(Nuevo paradigma)
Debido a las limitaciones de espacio y tiempo, asi como a la intención de concretarnos a responder al objetivo de este tema, presentaremos el concepto de naturaleza humana desde la perspectiva del humanismo contemporáneo.
Este enfoque retoma e integra los puntos convergentes de diversas disciplinas y corrientes que estudian al ser humano, abriendo con ello caminos alternativos a nuestras elaboraciones filosóficas, psicológicas, pedagógicas, científicas y espirituales que permiten una visión y una consciencia más amplia, integradora y justa de esta obra de arte original de la naturaleza, de este microcosmos que forma parte y participa de este macrocosmos: la persona humana. Esta corriente de pensamiento considera que pretender definir al ser humano se convierte en un dilema debido a que toda definición implica encerrar al objeto de estudio en un concepto estático, compararlo con otros objetos semejantes, establecer características fijas que le son propias, clasificarlo y etiquetarlo. Por tanto, si se parte de la premisa que el ser humano es un ser en proceso, en constante movimiento y transformación, no es posible encerrarlo en una definición que circunscribe al objeto que se pretende explicar, determinando sus alcances y limitaciones y reduciendo sus posibilidades y potencialidades. Esto significa que el ser humano, como tal, es indefinible por naturaleza, razón por la cual la pregunta inicial, ¿qué es el ser humano?, resulta limitada e injusta debido a que el plantearla de esta manera nos conduce a situar a la persona como un objeto de estudio que permite una explicación, como un ente estático que puede ser catalogado y encasillado.
A partir de esta premisa, el humanismo contemporáneo plantea que el ser humano es el único ser vivo que tiene capacidad de reflexión y de introspección, es decir, de preguntarse por si mismo; el único que posee el potencial que le permite abrirse al misterio del propio ser y conocer la verdad acerca de si mismo. Ser humano implica ser consciente de si mismo, del otro, de los otros, del mundo y el universo. La experiencia de ser uno mismo conduce a la persona descubrir un sentido particular a su existencia y esta cobra significado e la medida en que se relaciona con los demás y con el mundo en que habita. El humano es el único ser vivo que tiene la capacidad de optar, de elegir entre las diversas posibilidades que la vida le presenta. Es decir, es un ser potencialmente libre y, por tanto, el único responsable de su ser, su estar y su actuar en el mundo. De él, y de nadie más, depende desarrollar esta capacidad que se manifiesta a través de la elección de las actitudes y los valores que lo conducen a responder con consciencia a lo que la vida le presenta, así como tomar decisiones responsables sobre su ser, su hacer y actuar en el mundo. Todo humano tiene derecho a ejercer la libertad de ser, sentir, pensar, valorar, imaginar, responder, recordar y elegir. La libertad se descubre a través del proceso de autorrealización y de trascendencia. Esta última llega a su pleno desarrollo en el momento en que la persona logar actualizar su potencial innato integral y descubre su ser.
Esto significa que solamente es libre aquel que asume la responsabilidad de su propia existencia, quien responde a la vida de manera consciente, creativa y comprometida. El humanismo contemporáneo sostiene que todo ser humano necesita re-crearse, ser co-creador de su vida en un continuo fluir hacia la total actualización de sus potencias y dinamismos humanos fundamentales. Cuando la persona no ejerce su libertad, inconscientemente esta eligiendo no elegir, dejándose llevar por la corriente en la que se encuentra inmerso, confundido y perdido. Esto significa que, como seres humanos, no tenemos otra salida más que optar con consciencia o sin ella.
La originalidad, unicidad y la singularidad de la persona humana son los elementos que permiten que cada individuo posea una identidad individual-personal que lo distingue de los demás como una existencia concreta y única. Es precisamente esta experiencia de descubrirse a si mismo como ser digno y libre la que conduce al humano a darse cuenta de que su libertad no es tal si no va acompañada de responsabilidad por su ser, su quehacer y su actuar en el mundo. Al descubrirse como un ser finito y como el único responsable de su existencia, el hombre necesita desarrollar actitudes de valentía, de autenticidad y de congruencia, así como una disposición abierta a buscar un sentido a su existencia.
Hemos mencionado que el ser humano es una especie única; no obstante, al igual que otros seres vivos de la naturaleza, requiere del medio que le rodea para satisfacer sus necesidades básicas. Pero a diferencia de otras especies, la persona es capaz de transformar el medio en que habita y, en ese sentido, se convierte en co-creador, co-responsable del progreso y evolución del mundo. Sin embargo, para lograr el cambio el individuo no puede vivir aislado, separado de los demás seres que le rodean, por lo que es considerado no solo en su unicidad, singularidad, responsabilidad y6 libertad, sino como un individuo inteligente, creativo y eminentemente social, que no puede llegar a realizarse sino es en sociedad y en comunión (en común unión) con otros seres. Desde esta perspectiva, la especie humana es concebida como la especie social que transforma el medio ambiente como grupo, no como entes individuales y aislados. Una característica más del ser humano es su ser histórico, en el sentido de que es producto de la evolución pero, a la vez, agente de cambio que dirige su evolución y transforma su destino en la historia.
De aquí se desprende que ser humano es capaz de emerger de la alienación[7] a la libertad.
Tehilhard de Chardin señala la diferencia entre lo individual y lo personal. Se refiere a lo individual como el hecho de ser distinto de los demás centros que rodean al ser humano y a lo personal como aquello que se es en lo más profundo del ser. Lo individual tiende a acrecentar el ego a través de la separación y el aislamiento que empobrecen, y lo personal se dirige a la posibilidad de contactos centros a centros. El ser humano, como individuo, posee la capacidad que le permite reflexionar, discernir, conocer, comprender y transformar su entorno, todo esto gracias a la acción de la consciencia de sí mismo, que es la caracterización exclusiva y más importante de su humanidad.
El enfoque humanista contemporáneo concibe a la naturaleza humana como una unidad potencialmente armónica conformada por cuatro dimensiones: a) la biológica; b) la psicológica, que a su vez incluye al mundo racional-mental y el mundo interno, afectivo emocional; c)lo organismico-social, y d) la espiritual que, a su vez, se encuentra inmersa en el mar de la totalidad.
Cada una de estas posee sus propios elementos, funciones, necesidades básicas, motivaciones, actitudes, comportamientos y modos o maneras de percibirse y de percibir, interpretar, aprehender y comprender la realidad, así como sus valores particulares que tienden, de manera natural hacia su plena realización.
El cuerpo (la dimensión biológica) que se concibe como el vehículo de la mente y el espíritu, posee cinco sentidos que funcionan como instrumentos por medio de los cuales se accede al mundo de la materia permitiendo con ellos la experiencia sensorial. La mente (dimensión psicológica) utiliza y necesita la experiencia sensorial, pero la trasciende cuando se incorpora al mundo de las ideas, de los conceptos, de las imágenes, de las intuiciones y la lógica, así como cuando logra despegarse o desidentificarse – a través de la voluntad y la intencionalidad- de las pulsaciones de la carne, que lo encadenan. De esta manera, la experiencia señorial se enriquece con la experiencia del conocimiento. El espíritu humano (dimensión trascendente) integra y trasciende tanto la experiencia sensorial como la del conocimiento para acceder a la experiencia de la sabiduría, que es la que le conduce a despertar a su ser real, a su esencia. En otras palabras, todo individuo, al trascender las condiciones y situaciones que la vida le presenta, así como las fronteras que el mismo establece a lo largo de su proceso de búsqueda de una identidad personal, va mas allá de su concha biológica, trasciende su jaula psicológica, se integra a la comunidad humana, a la naturaleza, al mundo y al universo, despertando así, en un acto de amor y de libertad consciente y responsable, a su verdadera esencia.
El potencial especifico que reside en cada una de estas dimensiones y permanece en estado de latencia en espera de ser realizado a lo largo del proceso de la vida, constituye el acervo que esa dimensión en particular requiere, a cada momento, para su pleno desarrollo. Así como un capullo contiene en su interior aquello que necesita para convertirse en una mariposa, el ser humano posee, desde su nacimiento todas las potencialidades y dinamismos fundamentales que requiere para autorrealizarse y trascender. Sin embargo, a diferencia de la mariposa, el hombre no se encuentra determinado por las fuerzas externas que impiden su desarrollo. Si bien estas ejercen una influencia considerable que actuará a favor o en contra del proceso natural del desarrollo, definitivamente no determina su curso como en el caso de otros organismos vivos. El proceso evolutivo del ser humano puede verse obstaculizado, distorsionado y en casos extremos limitado o frenado, pero nunca el medio ambiente ejercerá una influencia determinante, debido principalmente a su capacidad reflexiva y al derecho que, como ser humano, tiene de ejercer su libertad responsable.
[1] M. Heidegger, 1962.
[2] Basave Fernandez, 1978
[3] V. Frankl, 1950.
[4] J. M. Ruitenbeek, 1962.
[5] Prologo de H. Maturana, 1990.
[6] C. R. Rogers, 1951.
[7] La alienación, en este contexto, se refiere a la separación del ser humano de su propia humanidad.
La alienación lo conduce a la enajenación deshumanizante.
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